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Elección e instalación de piedra

Mario Zaniboni  

zamar.1970@libero.it

El objetivo final a alcanzar en todo el trabajo del hombre es obtener un producto que se caracterice por la calidad; esta regla se aplica también en el campo de la piedra ornamental. En primer lugar, la calidad es el leitmotiv que se repite y se hace eco en todas las fases del proceso de elaboración; primero en la elección del material más adecuado para un determinado trabajo previsto en la fase de diseño y después (no porque sea menos importante, sino porque es la tarea que viene posteriormente) en la instalación del producto terminado.

De hecho, el tipo de material y las técnicas de instalación tienen una importancia fundamental sobre todo en edificios modernos, en los que, gracias a los avances tecnológicos, es posible reducir las tolerancias, e incluso cancelarlas totalmente.
 
Esto constituye un compromiso fundamental para profesionales y expertos tanto en la fase de diseño como en la de instalación.
Un factor muy importante es la evaluación de las diferencias entre el lugar de origen de la piedra y el lugar donde se va a instalar.
Las condiciones ambientales y climáticas son capaces de influir - y de orientar – en la elección de un tipo de piedra en lugar de otro: las condiciones atmosféricas y de contaminación pueden ser determinantes hasta el punto de desaconsejar la instalación de un determinado tipo piedra.
 
Desde el punto de vista físico, hay que tener en cuenta las variaciones en la temperatura (que pueden ir desde calor extremo hasta temperaturas bajo cero), de las que se derivan la expansión volumétrica y lineal - según con la forma del edificio - que causan compresiones concentradas y, por lo tanto, fracturas, aunque el material de construcción sea compacto y tenga una gran resistencia.
Un fenómeno de peso significativo es el que va bajo el nombre de "congelación", que puede ocurrir a medio o largo plazo. Consiste en el comportamiento de la piedra después de haber sufrido una importante sucesión cíclica de congelación y descongelación. La piedra, aunque sea compacta, tiene siempre una cierta porosidad, de manera que, si se instalada en un lugar húmedo y frío, el agua contenida en sus huecos microscópicos, cuando se congela, ejerce una intensa presión sobre las paredes, que cesa en el momento en que el hielo se hace líquido; por lo que la piedra está sujeta a un constante proceso de debilitamiento que merma su resistencia. En tal caso, el mejor consejo es tener visión de futuro desde la fase de diseño y elegir el material pensando en el lugar en que va a instalarse.
 
También el calentamiento excesivo debido a la exposición directa a la luz solar, actúa sobre la "salud" de la piedra: los efectos negativos son la deshidratación y la decoloración, hasta el punto de que a veces puede producirse lo que se llama "piedra muerta". No en vano, en las canteras de piedra decorativa directamente expuestas al sol, la primera fase del proceso de extracción consiste en eliminar la capa superficial, porque está "cocinada".
 
Todo lo anterior se aplica a los aspectos físicos del lugar donde se va a instalar la piedra. En lo que se refiere a los aspectos químicos, si el entorno en el que se debe colocar el material de piedra es muy húmedo y contaminado, en general debe evitarse el uso de mármol y caliza, prefiriendo el granito, que tiene una resistencia mucho mayor. En el caso del mármol, o más bien de la piedra caliza, a la presencia de agua se suma el dióxido de nitrógeno, y el dióxido de carbono, provocando la aparición de erosiones superficiales visibles y abundantes fenómenos disruptivos.
 
E incluso el polvo tiene un peso, lo que representa un peligro seguro y real para superficies de piedra, especialmente si existe la presencia simultánea de agua y la actividad de los agentes en suspensión en la atmósfera. Por lo tanto, una limpieza a fondo no sólo es conveniente, sino también obligatoria.
 
Cabe señalar que las piedras no están suficientemente protegidas contra los ataques biológicos, principalmente en un ambiente húmedo. La colonización por algas, hongos, líquenes, manchas y depósitos activos debe ser eliminada.
 
Pero uno de los mayores daños que pueden sufrir las piedras - por supuesto, las instaladas en exteriores - es la acción de los excrementos de las aves, que son muy ácidos (palomas, sobre todo). El ataque de estas sustancias nocivas puede ser mortal, causando un perjuicio difícil de eliminar. Hay que intervenir en el momento oportuno, utilizando los medios adecuados y de la forma correcta, con el fin de bloquear su acción.
 
Como siempre, la prevención evita la aparición de los problemas mencionados, y la necesidad de intervenir después cuando, casi siempre, lo único que se consigue es mitigar los efectos, pero no eliminarlos por completo.
 
Por lo tanto, hay intervenir a tiempo con los medios adecuados para el tipo de piedra a tratar; eligiendo, de entre los muchos que el mercado ofrece, el que sea más adecuado para optimizar el tratamiento de las superficies, favoreciendo el pulido, que representa uno de los acabados más sensibles, pero que, al mismo tiempo, es capaz de garantizar una buena resistencia contra los agentes nocivos y, en consecuencia, una buena durabilidad de las características cromáticas.
 
En resumen, la elección de la piedra no sólo debe ser dictada por las exigencias estéticas y decorativas, sino que debe ser una elección razonada. Hay que pensar que los daños que pudieran surgir no son sólo atribuibles a la naturaleza de la piedra, sino a la intervención humana cuanto ésta no se hace de la forma apropiada. La colocación de baldosas en los revestimientos de suelos y paredes puede ser un ejemplo evidente: la "vías de escape" no se pueden colocar de forma aleatoria, tienen que ser del tamaño adecuado, porque, de lo contrario, las baldosas pueden levantarse, astillarse o fracturarse; la magnitud de estos problemas depende del tipo de material utilizado, pero es siempre significativa. En la realización de un revestimiento exterior, es imprescindible un anclaje de expansión adecuado. En este tipo de instalaciones, hay que considerar la expansión volumétrica y lineal. Las piezas deben tener el espacio adecuado alrededor de ellas para expandirse sin encontrar obstáculos de ningún tipo.
 
Hay que tener mucho cuidado a la hora de pegar elementos de piedra, algo que sólo debe hacerse con piedras con la misma expansión térmica, para evitar consecuencias graves y desagradables. Pero también la elección del adhesivo se debe hacer con precaución, para permitir una buena durabilidad, por un lado, y, por otro, para evitar variaciones antiestéticas en el color.