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El viejo Puente de Móstar. La reconstrucción de un símbolo

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La eternidad sólo se interrumpió. El Puente Viejo de Móstar, que fue construido en 1.556, emergió de sus cenizas en Julio en 2.004. Este símbolo de conexión entre pueblos y religiones fue construido con la intención de ser eterno, pero fue una víctima de la guerra de Bosnia en 1.993. Este monumento, de gran importancia también desde el punto de vista arquitectónico, se reconstruyó bajo la dirección de la UNESCO, con la participación de la LGA (Asociación Regional Industrial) de Nüremberg (Alemania).

Es el punto más destacado de la ciudad y, en muchos aspectos, un símbolo. Stari Most, el "Viejo Puente", durante siglos no sólo ha conectado dos distritos de la ciudad, sino también a cristianos y musulmanes, occidente y oriente. Y siempre ha sido un ejemplo arquitectónico. No se hizo famoso por su anchura de cuatro metros, que en la actualidad no impresiona mucho, y su longitud de 28 metros, sino más bien por su atrevido arco de altura vertiginosa y por su especial método de construcción progresivo. Cuando se construyó en 1.556 bajo la dirección del maestro turco Mimar Hajrudin, se le colocó el que hasta ese momento fue el mayor arco auto-soporte de piedra natural.

Han surgido muchas leyendas alrededor de la construcción de Stari Most. El primer intento de construir un puente en los bordes de piedra sobre el profundo cañón terminó con la caída del puente a las aguas del Neretva; se dice que el sultán de Estambul amenazó con decapitar a Hajrudin si también fallaba la próxima vez.

Por este motivo, esta vez Hajrudin observó la retirada del andamiaje desde una distancia segura, bien preparado para echar a correr. Según la leyenda, el puente se cobró su primera víctima; los obreros, a los que su maestro había dejado solos, estaban tan enfadados, que emparedaron a la mujer de Hajrudin dentro de uno de los soportes así ella podría mirar siempre por encima del puente.

El puente no se cayó. En el transcurso del tiempo y con el caos de muchas guerras se dañó varias veces, pero sobrevivió a todas las hostilidades. Mimar Hajrudin había construido su puente para la eternidad.

La guerra

Pero esta eternidad terminó en el año 1.993 durante la guerra de Bosnia. Durante mucho tiempo pareció que el puente sobreviviría a la guerra y a las bombas: las casas del centro de la ciudad vieja fueron destruidas, las estrechas calles quedaron en ruinas, sólo el puente seguía existiendo, como si quisiera desafiar a todo.

Los habitantes trataron de protegerlo con neumáticos construyeron un techo provisional con hojas de metal y alfombras, y a cambio el puente protegía a todos los que se atrevían a atravesarlo para ir a la única fuente que había con agua potable. El Puente de Mostar no tenía importancia estratégica en absoluto, pero era un símbolo, y por eso tenía que ser destruido. El puente resistió dos días y dos noches a un bombardeo permanente hasta que un traidor (la gente dice que fue un ingeniero que una vez había trabajado en el puente) dio la clave decisiva al enemigo: reveló el secreto del puente, su interior hueco. Los disparos certeros dirigidos a esta cámara hueca hicieron colapsar el puente. Las piedras cayeron al río Neretva y volvieron sus aguas de color rojo sangre. Es fácil adivinar el poder simbólico de este fenómeno: "La guerra hace sangrar incluso al puente".

Al final de la guerra, Mostar quedó en ruinas. No había dudas de que el puente debía ser reconstruido. Probablemente debido al carácter simbólico del puente, no hubo lugar a ambigüedades: todo debería volver a ser igual que antes de la guerra.

El puente revela sus secretos

Volver a construir todo igual que era antes de la guerra. Era una tarea agotadora no sólo para la gente de un país dolorido sino también para el "Comité de Expertos" multinacional bajo la dirección de la UNESCO que tomó parte en la planificación de la restauración, en la que participó, entre otros, la LGA (Asociación Regional Industrial) de Nüremberg (Alemania). "Primero teníamos que descubrir las características especiales del monumento", dice Gregor Stolarski, jefe del equipo de expertos de la LGA. "Durante nuestras extensivas investigaciones descubrimos características extremadamente interesantes que causaron una gran respuesta internacionalmente y a menudo un asombro incrédulo".

En primer lugar tenían que descubrir qué material se había utilizado para construir el cuerpo del puente. Los arcos, parapetos y las partes frontales del bloque rectangular estaban hechos con una piedra ligera y porosa con una superficie suave y de color marfil brillante. Al microscopio, el material tenía una estructura comparable a las huevas de pescado, que le daba el nombre: Caliza Ooid, hecha de pequeñas e individuales bolas de caliza. Estaba formada por granos marinos de arena endurecidos con el transcurso de millones de años. Esta caliza, llamada Tenelija, es una especialidad única de la región de Mostar.

Para el suelo habían empleado una caliza dolomita mucho más dura, colocada en forma de escaleras. El reforzado de los bancos se hizo con la piedra aglomerada porosa (Breca) de las orillas del Neretva.

Buceadores húngaros recuperaron muchas de las piedras que habían caído al río. Primero tenían que catalogarlas. Esto no siempre era fácil debido a que estaban seriamente dañadas en algunas partes. Después había que decidir si esas piedras podían ser reutilizadas o había que obtener de la cantera bloques nuevos de esta piedra única, si eso era posible.

Con la ayuda de un método de "eco de impacto", se revisaban los daños y roturas de las piedras recuperadas. También hubo que analizar y catalogar los nuevos bloques de la cantera de Tenelija.

Por supuesto, los investigadores querían saber por qué el puente había "sangrado" y lo descubrieron. Cuando se selló el suelo original, se empleó un mortero rosa que contenía bauxita y alumina de color marrón rojizo. Cuando cayó el puente, este material se disolvió y coloreó el agua. Hasta ahora no se ha encontrado en ninguna parte del mundo un mortero rojo comparable a éste.

Pero no sólo el material de construcción del Puente de Mostar resulta interesante, también lo es su arquitectura, como ya se sabía. La característica más sorprendente del viejo monumento era su diseño, que iba muy por delante de su tiempo y ha sido la causa de su increíble resistencia frente a los misiles, pero también fue sorprendente su caída. En contraste con otros monumentos comparables de la misma época, el Puente de Mostar es hueco por dentro. Como Hajrudin diseñó las partes altas cerca de las orillas como cuerpos huecos, el peso se pudo reducir más de un 40%. Hoy en día este es el procedimiento más común para el reforzado de construcciones de cemento.

También es de destacar la conexión entre las piedras: cuatro franjas paralelas forjadas a mano hechas con abrazaderas alineadas una tras otra se colocaron sobre el caballete del arco, cada una de ellas se insertó laboriosamente dentro de la superficie de piedra: los extremos de las abrazaderas fueron dobladas en un ángulo de 90º y ensanchadas en forma de trapecio como una cola de golondrina. Como habían sido insertadas en unas bolsas esculpidas exactamente y fijadas con plomo líquido, estas conexiones sobrevivieron incluso a las increíbles fuerzas de los bombardeos y de la caída. Se pusieron más abrazaderas en las juntas verticales para darle incluso más seguridad. Para las juntas, que estaban en forma de semi-círculo, Hajrudin empleó puntas de acero forjadas a mano como un tercer refuerzo. Siguiendo la curva del arco, cada punta tenía una posición diferente, lo que supuso un gran reto para la tecnología del moldeado del plomo.

Investigación de laboratorio y construcción del modelo

En el laboratorio, el equipo de la LGA reconstruyó hasta la secuencia de la construcción histórica del puente y construyó una pequeña parte del muro del puente a escala 1:4. Aquí se dieron cuenta de cuánto tiempo lleva hacer conexiones de este tipo: en dos pasos, primero se fijó la abrazadera en una parte del siguiente bloque para colocarlo y luego se esculpieron las bolsas correspondientes en la piedra precedente. Finalmente se escarbó un canal del grosor de un dedo en la superficie desde la bolsa hasta el caballete del arco y se pulió. Cuando las piedras estaban ensambladas, los artesanos rellenaron las cámaras con plomo líquido, fijando así el extremo de la abrazadera.

"Las detalladas pruebas metalúrgicas y metalográficas del acero histórico que realizamos para las puntas y las abrazaderas, muestran una enorme capacidad de carga, durabilidad y la función de esta conexión abrazadera-punta", afirma Stolarski.

Este es el motivo por el que se utilizó esta misma tecnología para la reconstrucción. Siguiendo los indicios que los artesanos de la piedra medievales dejaron en las superficies de la piedra, se reconstruyeron hasta las herramientas de trabajo. Gracias a los conocimientos que los artesanos tenían sobre reconstrucción de piedra antigua, se pudo reinsertar muchos de los bloques empleados originalmente.

A los experimentos extensivos de la LGA sobre análisis y estado del material y cargas, la cantidad de trabajo y técnicas manuales se añadieron análisis sobre los efectos térmicos del plomo caliente al contacto con la superficie de la piedra Tenelija y la influencia de la saturación de las piedras con agua, para que la reconstrucción pudiera llevar a cabo con éxito, tal y como lo habían hecho antes Mimar Hajrudin y sus trabajadores.

El nuevo puente fue equipado con sensores para suministrar información sobre tensiones y deformaciones, así como sobre cargas mecánicas y factores climáticos, así seguirá dando información interesante en el futuro.

Reconstrucción como un símbolo de paz

Un capítulo de la historia emerge de sus cenizas con el Puente de Mostar, que ahora tiene un significado especial además de su valor como herencia cultural del mundo: es un monumento y un símbolo de una guerra civil en el mismo centro de Europa y expresa la esperanza de un futuro (más) en paz. Gracias a una extraordinaria cooperación internacional, llegará a las generaciones futuras no sólo como un referente arquitectónico.